La reputación de la marca-país representa un activo inmaterial que construye argumentos de atracción y fidelización, pero España necesita renovar la estrategia de diferenciación de su destino.

Antes que la disquisición entre turismo low cost o de valor añadido, debemos diseccionar si España es un país que debe posicionarse en el mercado internacional como sol y playa, sangría y toros o si la complejidad de nuestra oferta debe atender a otras consideraciones con un mayor recorrido.

Como señalaba Vacchiano, la marca blanca en turismo representa un alto riesgo para España y ha dependido durante demasiados años de los intermediarios, principalmente de otros países.

Si los recursos económicos en el origen resultan ya limitados, las experiencias lúdicas que podamos crear en el destino turístico no pueden reportar valor añadido.

La oferta turística low cost termina por destruir la cadena de valor en el destino.