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Un nuevo reto: educar motivando y divirtiendo

La docencia es mi vocación, soy amante de la materia que imparto, y quiero que la aprendan de la mejor manera posible. Un día, en una conversación con una alumna, lo vi claro. Ella me preguntaba por qué, existiendo formas que cautivan mucho más a los alumnos a la hora de aprender, los profesores no impartíamos nuestra materia de manera diferente, sabiendo que de este modo aprenden más porque les implicamos y les divierte. Me sorprendí a mí mismo respondiéndole: “quizás los padres no entenderían esa manera de aprender y se cuestionaría el modo de trabajar”. Se quedó callada.

Analicé mi respuesta y su silencio de regreso a casa, lo vi aún más claro: el miedo al cambio, a sentirme cuestionado y tener que justificarme, era lo que me paralizaba. Lo más grave: ese miedo, la negación a iniciar el nuevo camino, le impedía a mis alumnos aprender disfrutando. 

Estoy formando a los ciudadanos del futuro, y ese debería ser el principio y fin único de mi labor como docente. Por ello, me decidí a cambiar, a salir de mi espacio de confort, y fue así como me inicié en un nuevo reto profesional.

Para mi nueva andadura necesitaba de nuevos métodos y formas de trabajo en el aula, más adaptados a la realidad del alumno. Necesitaba que generasen motivación y fuesen más divertidos. No era fácil, nada fácil. Apliqué grandes cantidades de ingenio y capacidad para construirlos. Debía romper con los esquemas anteriores, tanto en los alumnos como en las familias: conectar con los jóvenes, dar “en la tecla” de lo que a ellos les gusta, motivarles,atraerles,… Aprendí a convivir con el ensayo-error, algo a lo que no estaba acostumbrado desde la cómoda posición de profesor experimentado que había adoptado con mis años de experiencia.

Dediqué y dedico largo tiempo en comprender el mundo interior de los jóvenes: sus emociones, sus pensamientos, sus motivaciones. Es complicado encontrar retos que les llamen la atención. Es costoso convencerles para que comiencen la escalada de la montaña del conocimiento entrenando sus capacidades. A veces, se quejan porque les cuesta tratar a sus compañeros como equipo de escalada, y a su profesor como guía de la expedición, y ya no como único montañero. No están acostumbrados, hasta la fecha, les había educado en la individualidad.

Finalmente que valoren cuál será la recompensa: saborear que han llegado a la meta con éxito y por sus propios medios. Es apasionante cuando lo consiguen, pero más apasionantes verlos luchar por lograrlo. Y que lo hagan porque quieren y no porque deben. Porque nuestros alumnos siguen siendo niños, inocentes como lo éramos nosotros entonces. Como niños que son, me he propuesto prestarles las llaves que tengo al alcance de mi mano para que abran sus mentes al mundo de la creatividad, de los sueños, de la diversión, de la motivación, de la superación… y las herramientas para poder materializar aquellos sueños que a veces se rompen y que tendrán que volver a construir de cero: aprendizaje por proyectos, cooperativo y dialógico, tertulias literarias, concursos de redacción, debates, exposiciones, entrevistas a autores,…

Hacerles sentir que son el centro de la educación, los responsables de su éxito individual y grupal, los responsables de su aprendizaje, es la clave. Cada vez escucho más a los alumnos, les observo más, aprendo de ellos, anoto sus inquietudes -que no están tan alejadas de las que tenía yo con su edad-. Cada vez disfruto y me divierto más en clase. Los veo ilusionarse, trabajar juntos por un objetivo común, pero sobre todo aprender desde el interés, por superarse y por llegar a los objetivos marcados.

Me enorgullece contribuir desde la posición en la que me encuentro a ayudarles a que ese futuro incierto lo afronten con ilusión y herramientas suficientes. 

Ese pensamiento generado por la conversación con mi alumna fue el germen, la razón, por la que me lancé al cambio; con vértigo, con respeto, pero con ilusión. “Renovarse o morir”, diría el refranero español. Por y para los alumnos, porque es mi principio. Se necesita de un genio para conseguirlo, paciencia y estar muy atento para el cambio constante, pero es la Educación la encargada de que la magia se produzca. Este es mi reto, es el momento en el que ahora me encuentro y que he querido compartir.

By | 2017-03-28T13:17:24+00:00 marzo 28th, 2017|Innovación Educativa|0 Comments

About the Author:

La sonrisa de Juan Carlos es su carta de presentación. Este profesor obsesionado con el correcto uso de la palabra y amante de una buena conversación es una apasionado de la literatura y de las humanidades. Le gusta viajar, el cine, quedar con amigos y tirarse horas y horas tomando el sol en la playa. A Juan Carlos no hay reto que no le motive y busca contagiar su pasión a sus alumnos. Y lo consigue. Su mayor orgullo, escuchar años después a sus alumnos. Son felices y él también.

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